Hector Ricardo Pincheira Nuñez ex Gap

23.12.2016 11:12
 


Los jóvenes socialistas de esa época, la de antes de la traición, le

cruzamos en los pasillos de la Universidad, o bien en algún local
partidario. 

Hoy día figura entre las víctimas de La Moneda.

Aquellas que fueron asesinadas a sangre fría una

vez que cesó el combate. 

Le conocíamos como Ricardo Pincheira.

Médico. Hoy en día es un desconocido en su propio país,

mientras le rinden homenaje

en México. Otra vergüenza para el PS que renegó

de los suyos...


 

 
 
 
 

 


 











 










 


maximo

 
 
 
 

 
 
 
 

 


 











 




HOMENAJE

A UN HÉROE DEL

PUEBLO






Escribe

Máximo Kinast






En la esquina de

las calles

Corola y

Polen, en la

Colonia El

Reloj,

Delegación de

Coyoacán,

México, se ha

hecho un

homenaje y

dado el nombre

de Héctor

Ricardo

Pincheira

Núñez,

luchador

social y

revolucionario

chileno, que

combatió con

la chapa de

“Máximo” junto

al Presidente

Allende en el

palacio

presidencial,

La Moneda, el

11 de

septiembre de

1973, al

parque que

allí se

encuentra.






¿Quién fue Máximo?



El

año 69 terminó

su carrera de

médico (sólo le

faltaba hacer la

práctica para

recibir el

título de

médico) y

cursaba 4° o 5°

año de Filosofía

cuando se unió a

un grupo ultra

secreto de

asesores

directos del

futuro

presidente de

Chile, Salvador

Allende. Este

grupo, el GAP

Intelectual,

como lo llama la

periodista

chilena Mónica

Guzmán en su

libro “La

Conjura” o

Centro Nacional

de Opinión

Pública (por su

nombre oficial)

estaba dirigido

desde su lecho

de inválido por

Félix Huerta,

profesor,

cuadripléjico

por causa de un

accidente

mientras recibía

instrucción

militar en Cuba.



Entre

los pocos

miembros de ese

grupo estaba

Beatriz “Tati”

Allende, hija de

Salvador y

estudiante del

último año de

medicina; Jorge

Klein Pipeer,

chileno francés,

también médico;

Claudio Jimeno,

sociólogo, y

otros héroes

olvidados.

Varios de ellos

detenidos en La

Moneda,

torturados en el

Regimiento Tacna

y luego

asesinados en

Peldehue. El

trabajo de ellos

consistía en

asesorar

directamente al

Presidente sobre

la opinión

pública. En el

grupo, Máximo

tenía la misión

de investigar a

las Fuerzas

Armadas, por lo

que usaba la

chapa y nadie en

La Moneda (ni

siquiera

Pinochet) sabía

su nombre, con

excepción del

Presidente y sus

compañeros.



La

payita lo

menciona en su

carta a Beatriz

Allende. Dice

textualmente:

“Yo volví al

pasillo donde

había quedado tu

padre y sentí

disparos de

metralleta que

venían desde el

living, hacia

donde corrí.

Allí estaba

Máximo, quien me

hizo salir y me

llevó escaleras

abajo hacia la

salida. Yo creo

que él volvió a

pesar de que ya

todo había

terminado…”



¿Qué hizo Máximo?



Poco

sabemos de su

actividad

secreta,

investigar a las

Fuerzas Armadas

e informar al

Presidente. No

puede haber sido

una tarea fácil

y estoy seguro

de que ni él

mismo sabía

cuántas veces se

jugó la vida.



Hay

un hecho que me

contó Adonis

Sepúlveda junto

a su hija Livia

(abuelo y madre

de Máximo, su

hijo póstumo)

que lo retrata

de cuerpo

entero. El

viernes 8 de

septiembre de

1973 entró a La

Moneda y se

dirigió a la

oficina de

Salvador

Allende, a la

que tenía

acceso. El

Presidente lo

recibió de

inmediato y

Máximo le

entregó una

lista con todos

los generales

del Ejército de

Chile puestos en

dos columnas.

Una para los

leales a la

doctrina

Schneider

(constitucionalistas

y leales al

Gobierno). En la

otra, un poco

más larga,

estaban los

golpistas.



Allende

le preguntó por

qué no estaba el

nombre de

Pinochet entre

los leales.

Máximo le

contestó que

tenía dudas

sobre su

lealtad. El

compañero

Presidente se

enojó por

primera y única

vez con Máximo.

Le dio la orden

de añadirlo a

los leales y

llevarle la

lista para que

tomara las

medidas del

caso. Pinochet

era el hombre de

confianza del

General Prats y

había estado

junto a él

durante el

Tanquetazo.

Máximo obedeció

e informó a

Pinochet, que no

pudo dormir esa

noche.



Augusto

Pinochet Ugarte,

el militar más

cobarde del

Ejército más

cobarde del

mundo no pudo

tomar una

decisión esa

noche. El miedo

debe haberlo

paralizado,

porque en sus

manos estaba el

destino de

Chile. Si se

oponía al Golpe,

como Comandante

en Jefe tenía

grandes

posibilidades de

abortarlo, pero

si se unía, el

premio era tan

grande como su

codicia. El

sábado 9 fue al

cumpleaños de su

hija, donde lo

encontraron los

marinos que

enviaba el

almirante Merino

y lo conminaron

a unirse o

atenerse a las

consecuencias.



El

miedo a sus

compañeros de

armas (tan

traidores como

él) y la

ambición lo

decidieron, con

los trágicos

resultados que

conocemos.

Pinochet rompió

con facilidad

sus juramentos

de lealtad a la

Constitución y

al Presidente

constitucional y

se dedicó a

asesinar y robar

por mano de

otros, como buen

delincuente con

pasaportes

falsos y unos 10

alias para no

dejar huellas.

Es posible que

haya pensado “si

París bien vale

una misa

apoderarse de

Chile bien vale

ser perjuro,

traidor y

deshonrar el

uniforme”.



¡Qué

diferencia con

la dignidad de

Allende y de sus

compañeros!

Máximo combatió

junto con el

Presidente y

estuvo a su

lado, aunque no

le correspondía

estar en La

Moneda. Su deber

era cuidar a la

directiva del

Partido

Socialista en

una casa de

seguridad en

calle Portugal,

donde decidieron

enviar un

mensajero a La

Moneda.

Altamirano dio

excusas para no

ir y se fue a

refugiar a la

embajada de la

RDA. Entonces

designaron a

Hernán del

Canto, que pidió

un acompañante

del GAP. Máximo

era el jefe del

GAP, pero delegó

su autoridad en

un compañero

para ir a La

Moneda junto con

Del Canto y se

quedó allí a

combatir, donde

estuvo al lado

del Presidente y

hay versiones

–sin confirmar-

que estuvieron

disparando

juntos con el

único bazuka.



¿Por qué es un

héroe

desconocido?



Como

todos los

defensores de La

Moneda, Máximo

es desconocido

en Chile. El

sistema

neoliberal

planificado por

el nefasto Jaime

Guzmán

Errázuriz, que

tiene una plaza

y un monumento

en el barrio más

caro de Santiago

de Chile, ha

servido para

enriquecer a los

ricos y

empobrecer a los

pobres. Pero no

sólo ha

fomentado la

desigualdad

económica, sino

que ha

invisivilizado a

millares de

chilenos que

viven en extrema

pobreza,

privándolos de

todos los

derechos más

elementales,

borrando las

conquistas

sociales e

ignorándolos

como seres

prescindibles.

Si esta noche

murieran, por

alguna extraña

epidemia, todos

los pobres de

Chile, mañana la

noticia en todos

los medios de

comunicación

sería que en el

país ha mejorado

la renta per

cápita y que ha

disminuido la

pobreza.



Este

sistema injusto

ha desaparecido

de la Historia a

los héroes que

defendieron La

Moneda y la

dignidad de

Chile durante

horas, contra

los tanques del

Ejército, la

Marina, la

Fuerza Aérea,

que bombardeó

innecesaria y

cobardemente el

palacio

presidencial, y

Carabineros de

Chile, la

abyecta

institución

policial, cuyo

lema era “La

Guardia muere,

pero no se

rinde”, en

alusión a su

juramento de

lealtad al

Presidente

constitucional

de Chile. En la

práctica huyeron

para no

rendirse.

Allende los dejó

irse, pero les

obligó a dejar

sus armas y con

ellas su honor,

si alguna vez lo

tuvieron.



Ricardo

“Máximo”

Pincheira, es

desconocido en

Chile, igual que

sus heroicos

compañeros que

dieron su vida

en la defensa

indefendible de

una vieja

casona,

convertida por

ellos de palacio

presidencial en

símbolo de la

dignidad humana.



Quiero

agradecer al

hermano pueblo

de México,

dignamente

representado por

la Colonia el

Reloj,

Delegación de

Coyoacán, por

este homenaje

tan merecido.

Agradecer a

Valentín

Maldonado, Jefe

Delegacional en

Coyoacán y a

Mauricio Toledo,

Diputado Local

por Coyoacán,

hermanos

mexicanos, por

esta noble

iniciativa.



Ruego

la difusión de

este texto para

escarnio de las

Fuerzas Armadas

de Chile, que

aún no confiesan

sus delitos, aún

respetan la

mafiosa ley de

la omertá, y no

muestran señales

de

arrepentimiento

por su felonía.

Que sepan que

aún hay chilenos

que les

desprecian, que

no olvidan y que

no les perdonan.